En Marzo de 2008 me mandaron a estudiar el segundo semestre del master a Göttingen, Alemania. Allí me pasó lo mejor que podría pasar: la universidad me asignó una habitación lejísimos de la ciudad en sí. Tenía que caminar todos los días 30 minutos para llegar a la universidad, a la ciudad, a la vida. Esos paseos me sirvieron para darle muchas vueltas a la novela. El sesenta por ciento del Baile se escribió allí.
Terminé tanto el master como la novela en Osaka, exactamente el 16 de Octubre de 2008. Luego empezó la parte difícil: buscar editorial. Firmé el contrato con AJEC en septiembre de 2009. Y desde entonces, a contar los días.
Mientras nuestro anfitrión balancea su copa de contenido sospechosamente rojo, lanzamos la segunda pregunta.
Algunos nombres, como Otrosdías, simplemente estaban ahí. No es que no me quiera mojar, sino que realmente me parecieron la mejor alternativa y se quedaron desde el principio. Si me pusiera en plan fantasioso, te diría que siempre estuvieron ahí y que yo sólo fui el canal para que llegaran al libro. (ya sabía yo que ser escritor era algo mágico, si entran en trance y todo!) Pero sería mentira. (no lo creo del todo) La verdad es que muchos están ahí por fonética, son nombres que suenan bien o que evocan un sentimiento, que es lo que me interesa transmitir escribiendo.Otros nombres, en cambio, forman parte de la cultura rolera o fantástica de mi generación. Como buenos jugadores de rol, los protagonistas de la novela tienen las mismas influencias que yo, de modo que algunos nombres están sacados de partidas mías, módulos, etc… es lo que hacíamos todos al principio. Melquíades, de hecho, es mi visión de un personaje que interpretó durante tres años un gran amigo en una partida mía.
Un último detalle: el Despecho tuvo otro nombre prácticamente hasta una semana antes de ir a imprenta. Se me ocurrió haciendo deporte, di media vuelta y salí pitando a casa para cambiarlo. (es lo mejor del deporte, el momento en que te permite darte cuenta de que podrías estar haciendo otra cosa :-D )
Ahora tenemos en mente la imagen de Despecho, esa bestia impresionante tan bien ilustrada para el libro. Un tipo al que Al Capone pagaría por mantener lejos. Sin quitar ojo a la copa, proseguimos con el tercer latido.
No suelo usar fotos, aunque sí me gusta, si es posible, viajar a los lugares en los que se inspiran algunas descripciones y escribir o reescribir allí mismo. Recuerdo estar sentado en los lugares donde se desarrollan los Capítulos IV y VII, con el portátil abierto y todo el mundo mirándome como si estuviera loco. De hecho había un segurata rondándome como un tiburón, pero como no estaba haciendo nada, no me pudo echar. (el arte duele, pero nos alegra que el segurata mantuviera la porra quieta) Pero eso ya fue en la segunda revisión de la novela, cuando ya estaba todo escrito.
Por supuesto. De hecho, he sido siempre Gabriel. He interpretado personajes poquísimas veces en mi vida. A mí lo que me gusta es dirigir, que fue cómo empecé a inventarme historias. Ahora mismo no juego, pero no por ganas: en Berlín no conozco hispanohablantes, y me da palo jugar en alemán.
Estábamos sentados al pie de la Voz del Acero, bebiendo una botella de vino malísimo, y me dijo: “¿Qué historia te inventarías para esta vista?”.La segunda anécdota es más tonta: como terminé de escribirlo en Japón, llevo tatuado en la muñeca derecha el kanji que corresponde a “secreto”. Me pasé los tres meses que viví allí preguntándole a la gente cómo se dibujaba. Pregunté como a veinticinco personas distintas; quería estar muy seguro, no fuera a tatuarme en la muñeca “sopa de pollo”.
Y entonces sonríe. Ese brillo tras sus labios se debe al vino, ¿verdad? Aunque da lo mismo. Tiene un tatuaje que significa secreto. No puedo imaginar nada más tranquilizador.
Ésta es facil: (vaya, debería haberle preguntado la “otra” versión) La cuchara, si duermo con mi chica. Si mi chica no duerme conmigo, despatarrao. Soy de los que se mueven muchísimo… durmiendo, no seas mal pensada.
















