sábado, 12 de marzo de 2011

UN CETRERO DE OJOS VERDES

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Lo prometido es deuda. ;-)

El sábado pasado paseaba cuesta arriba y me sumergí de lleno en la Edad Media. Por el empedrado y bajo un cielo que se debatía entre el frío y el azul mimoso, deambulé entre los puestos del mercado medieval de Chinchón.

¡Qué excitante! Ya es la segunda vez que paro por aquellos lares. Ambas ocasiones me han rendido suculentos manjares, pues de allí mis alforjas quedaron repletas de viandas que ni el pastor más curtido hubiera desdeñado.

Por cada puesto, bien atendido por un mozo o una moza ataviados a la usanza de la época, iba yo rapiñando lo que se me antojaba. Dulces con formas estrambóticas, tomates secados al sol qupastase desprendían un aroma a hogar de antaño, frascos de rica miel. 

Ricas pastas, de canela y limón, servidas por una panadera que las elabora con aceite de sus propias tierras. Mmmmm.

No tuve el menor reparo en proveerme de un lote de longanizas a cada cual más variopinta. Con avellanas, con boletus, a la ceniza, al vino, picante, con arándanos, a la pimienta. Mmmmm. Luego estuve olisqueando cada rincón de una panadería. Es la primera vez que veo panes tan tostaditos y con formas de escudo de fútbol. Jajaja. No pude irme de ese paraíso sin agenciarme unas pastas de canela y limón. Oh, y el queso, dioses compasivos, qué maravillosa sensación es llenarse la boca de queso con sabor a leña. Me aposté los cuartos en ese puesto.

medieval2 Rondé por la plaza a rebosar de curiosos, algunos vestidos de largo o de terciopelo. En cuanto me topé con el herrero, un gigantón que surgía directo de las forjas vikingas, tuve la osadía de pedirle la prenda de hacerle una foto mientras trabajaba. ¡Qué generoso! Ni corto ni perezoso se ofreció a hacerse una foto conmigo. No me corté nada en hacérmela. Ni siquiera cuando me apretó el hombro y me miró desde sus montañosas alturas.

 ¡Ragnarok!

A mi saca ya pletórica añadí una muestra para mi colección de marcapáginas.

medieval3 Por supuesto, uno de los alicientes del día fue la bellísima oportunidad de codearme con aves de presa. Pude acariciar las plumas de seda de una lechuza, blanca y moteada con un diseño de hada. Fue indescriptible cuando el joven cetrero de ojos verdes se acercó a mí y me propuso recoger al ave mientras volaba como una exquisita obra de arte aerodinámica directamente a mi brazo enguantado. “¿Quieres recibir al cola roja? A ti ya te conoce.” “Vale”, dije yo discretamente.” (Por los dioses nórdicos, síiiiiiiiiiiii quierooooo).

Poco a poco, mientras decaía la tarde, descendí por el empedrado y tuve el placer, y el honor, de saludar con la mano a los Reyes Católicos mientras desfilaban para hacer su majestuosa entrada en la plaza de Chinchón.

Babel mayestática.

4 comentarios:

taio dijo...

superb

Talisman dijo...

Waa que pasada!! jajaja me encanta! desde luego te fuiste surtidita a casa xD Ainss esos dulces,que ricos que tienen que estar!! Un Besito wapa!!

Azalea dijo...

Qué bien! Me encantan las ferias medievales, en mi pueblo la hacen todos los años y siempre intento ir. Me encanta verme sumergida (aunque ayudaría más si yo también fuera un poco a tono) en otra época llena de dulces tan ricos.
Un saludo!!

Babel dijo...

gracias, chicas, por compartir la ilusión conmigo :-) Besotes a todas.